He encontrado una de las mil páginas de ligues que hay en la red, para las personas de más de cincuenta años. Asombrada estoy.
Y no. No me he registrado ni voy a hacerlo. Lo que me resulta más llamativo es que esta página, hace muchos años, era un sitio donde se compartía cultura, arte, conversaciones, etc. En aquel entonces sí me registré para poder mostrar mis escritos. Pero desapareció de repente. Y ahora ha vuelto como un Facebook de más de cincuenta.